Y el espejo me responde... "nena, tú vales mucho"
Esta mañana, en mi trabajo, ha empezado una compañera, es la primera vez que se enfrenta ante 15 alumnos y le ha entrado el cague, hasta el punto que me llamó desesperada porque en menos de diez minutos sola con los alumnos se había quedado en blanco y no sabía que decir. Lo ha pasado fatal y tuve que hacerme cargo de su sesión porque era incapaz de seguir. En mi profesión no es algo inusual, hay gente muy preparada, pero cuando se ven delante de 15 alumnos por primera vez se les hiela hasta la sangre.
Después he estado un rato intentándole animar; para empezar le he dicho que ese shock no suele volverse a repetir, así que pasado está y para qué perder ni un segundo en pensar en ello. He intentado aconsejarle y le he contado una táctica que utilizo en mis peores momentos; cuando creo que no soy capaz de algo, y es ponerme ante el espejo y convencerme que soy capaz. Pero convencerme no es solamente decirme, "yo puedo" es decirme "yo puedo por ésto o por áquello, o por esto otro".
Estoy segura que una de las cosas que más desgraciados nos hacen es nuestra propia inseguridad, y esa inseguridad nace de la creencia de nuestra poca valía, por mucho que nos mostremos arrogantes. Es cierto que hay personas que son inseguras siempre y suele coincidir que tienen una autoestima baja, no tienen confianza en sí mismas, no se valoran y no se quieren.
Estamos hartos de oir estas palabras, pero ahí están, y todos, todos sufrimos en un momento determinado (algunos muchas más veces de las que quisieran) la inseguridad ante algo. Por ejemplo cuando hace años, ante mi primera sesión como Formadora de adultos, no me sentía capaz; me preguntaba ¿cómo voy a ser capaz de hablar durante 5 horas seguidas de este tema? Bueno, y ya me daba pavor pensar que el curso duraba 250 horas ¿De qué iba a hablar si en menos de 1 hora me ventilaba el asunto? La verdad es que era lo único que me tenía preocupada; no pensaba en el miedo escénico que a otros muchos les invade en su primera vez, ese tema no me preocupaba; ni que el centro donde se impartía el curso no tenía manuales ni medios didácticos, y los tenía que ir preparando yo sobre la marcha; ni que aún no había materiales; ni siquiera me preguntaba cómo serían mis alumnos. Ya digo, mi única obsesión era cómo no agotar el tema en menos de lo que duraba la primera sesión.
Bueno, pues después de comerme el coco varios días, lo que hice fue colocarme delante del espejo y empezar a piropearme con autohalagos del tipo:
" ¿Qué tú no vas a poder? ¿Y eso por qué? A ver, ¿no eres lo suficinte parlachina? ¿no conoces de sobra el tema? ¿no disfrutas conversando? ¿no tienes clara la metodología que vas a utilizar? ¿Dónde está el problema? Que es la primera vez, ya, pero sabes de sobra que en voluntad, constancia, implicación y entusiasmo pocos te ganan, así que vamos a dejarnos de tonterías y al grano, has sido seleccionada tras una dura selección; no tendrás experiencia en adultos, pero has quedado seleccionada en primera posición. Has demostrado tu valía, has tenido que pasar una prueba psicotécnica, una prueba tipo test de conocimientos en la materia; una prueba didáctica y por último, has tenido que exponer ante un tribunal al que no conocías dos temas, uno libre que traías preparado de casa y otro que el azar puso en la bola que sacaste y para la que sólo te dieron 15 minutos para prepararte. Tenías 30 minutos de sesión formativa ¿te sobró tiempo? ¿terminastes en 5 minutos? ¿qué hiciste los 25 minutos restantes? Claro que no te sobró tiempo; ni sobró, ni faltó y quizá por ello hoy eres la Formadora de este curso. Supiste adecuar tus conocimientos y las actividades que realizaste al tiempo con el que contabas (temporizar que se llama)..... Esa es la clave, organización, preparación, guardar un as en la manga y una pizca de improvisación; bueno y por supuesto adaptarte a los alumnos."
Resumiendo, o me veo contadóos toda mi vida laboral ligada a la Formación y no es plan; lo del espejo es como hablar con una amiga, y esa amiga soy yo misma. Vamos, podríamos decir que soy como Juan Palomo, "yo me lo guiso, y yo me lo como"; pero es verdad que en ciertas situaciones me ha sido muy útil porque estoy convencida que en muchas ocasiones tenemos las respuestas y las soluciones en nosotros mismos. ¿No os ha pasado que andabáis agobiados por algo, se lo cuentas a alguien y sin que el otro abra la boca, de pronto sabéis que tenéis que hacer? Pues lo del espejo es algo similar, es sacarlo fuera, y al verbalizarlo, a veces ¡Bingo!, se acabó el problema, al menos el dilema de ¿qué hacer?
Lo dicho, una vez que escuché a mi otra Solinari, y que fui capaz de rebatirle cada duda, supe con claridad qué tenía que hacer y me puse a ello. Sólo deciros dos cosas, en el primer día no hablé prácticamente del tema, sólo asuntos muy generales, ocupamos la sesión en presentarnos,¡qué menos entre personas que íbamos a compartir casi tres meses de nuestras vidas!; ni tan siquiera recuerdo con nitidez cuando empezamos en la faena propiamente dicha. Otro detalle, jamás me ha sobrado tiempo en un curso.
Se me olvidaba, la última prueba no fue ésta, fue una entrevista personal.
Mi compañera, a la que era la primera vez que veía, me ha agradecido mi apoyo, no sé si por mi tiempo o porque le ha parecido una buena idea que merece la pena poner en práctica, al menos mejor que tirar la toalla y pedir el finiquito, que era su intención. Después de nuestra conversación no creo que lo haga, ya me contará, supongo que usará mi táctica u otra que se le ocurra, es lo mismo, lo importante es que encuentre la confianza en sí misma que necesita para volver mañana. Y a mi me ha hecho recordar ese momento de hace ya años y he querido compartirlo porque es una constante en mi vida encontrarme con personas con poca confianza en sí mismas, y es una pena, desperdiciamos muchas oportunidades en nuestra vida por miedo.
Y de miedo hablaremos otro día...




risasylagrimas dijo
! todas valemos mucho! un fuerte abrazo.
27 Agosto 2008 | 07:20 PM