Ayer me pasó algo curioso; conocí el nombre de dos amigos de la cocte, dos nombres muy contrapuestos entre sí; tanto, que han significado mucho para mi y de muy diferente manera.

Creo que es muy común lo que pasa con los nombres y es que simplemente el nombre de alguien al que conocemos nos hace sentirnos más cercano o más alejado de alguien al que acabamos de conocer con el mismo nombre, simplemente por el recuerdo aunque no sea consciente que nos evoca.

Solemos colocar a las personas un nombre, equivocados o no, porque suele haber en su físico, en sus gestos....algo que nos hace recordar o asociarle con tal o cual persona que conocemos.

Supongo que os habrá pasado conocer a alguien y bautizarle con un nombre que no tiene nada que ver con el suyo; o que no sabes porque razón no tienes forma de aprenderte un nombre y siempre lo cambias, se te resiste...,; o cuantas veces hemos pensado, "qué poco le pega el nombre..."

En general y sobre todo en mi profesión, suelo recordar con facilidad los nombres de mis alumnos, en un par de días suelo acertar y he comprobado que es algo que les gusta, que recuerde sus nombres, supongo que es por la sensación que les causa de que son importantes para mi, todos y cada uno de ellos. Sin embargo hay casos especiales que se me resisten. En alguna ocasión me ha pasado intercambiar entre sí los nombres de dos alumnas y no tener forma de que no me ocurra. En otra ocasión, hace ya años me pasó algo gracioso. Empezamos un curso; acabó el curso, pasaron meses y tuve que llamar a un alumno para comentarle algo sobre un trabajo, lo llamé y me contestó una voz de mujer:

- Diga

- Buenos días, Antonio, por favor..

- No, no hay ningún Antonio

- Perdone por la confusión, gracias

Al cabo de un rato de intentar buscar el teléfono de este alumno en otro listado sin suerte, vuelvo a llamarle. En esta ocasión me contesta una voz de hombre

- Diga

- Hola, Antonio?

- No, no soy Antonio, se ha equivocado

- Perdone, llamo al ......, verdad?

- Si, pero no hay ningún Antonio

- Es extraño, tengo este número, ha debido ser un error. A ver como localizo a este hombre!

Y de pronto, se le enciende la luz y dice mi nombre

- Sí, soy yo, y tu no eres Antonio?

- No, soy (jajajaja no me acuerdo el nombre que me dijo), pero para ti soy Antonio

Bueno, hasta ese día no me enteré de su nombre real. Todo el curso me llevé llamándole Antonio sin serlo. Le pregunté cómo no me había dicho nada y me dijo que para qué,que al le daba igual, que se acostumbró. Me reí y me ví totalmente ridícula, pero para mi seguirá siendo Antonio siempre. No sé porque le cambié el nombre así sin más.

Lo curioso es que no sólo era yo quien le llamaba Antonio, sino que todos los compañeros también lo hacían, por mi culpa claro, pero él ni se molestó en deshacer el error.

Bueno, y me he ido del tema...

Hablaba de los nombres de Alberto y Ramón o Ramón y Alberto, que igual da, que da lo mismo. Decía que los dos nombres me traen recuerdos, en un caso buenos y en otros malos, malísimos. Y los dos de forma insconciente me hacen rechazar o aceptar a priori a las personas que lo llevan. Leí por ahí que incluso nuestro nombre puede influir a la hora de que te contraten, que sea un nombre odiado o querido por el entrevistador puede hacer que la balanza se incline a un lado u otro. Por supuesto hay muchos nombres neutros para cada uno de nosotros, nombres que no nos dicen nada; sin embargo hay otros que incluso nos sirven para iniciar una relación, como que la persona tenga el nombre de nuestra querida abuela, o que sea un nombre con tradición familiar, o el de un antiguo amor, etc...

En mi caso, Ramón es el nombre de una persona muy especial para mi, luchador, comprometido y perseverante como nadie y con una sensibilidad extraordinaria por mucho que se empeñe en esconderla. Es oir ese nombre y me inunda una sensación de bienestar, de ternura y de gratitud. Y Alberto,... ese nombre se lleva la peor parte, es el nombre de alguien muy dañino, si conozco lo que es odiar, es a la única persona que he odiado, y a la única persona que he conocido que puedo calificar como malvada. Es oir ese nombre y erizarseme la piel. Bueno, quizá exagero, ahora no se me eriza la piel, pero sí lo ha hecho durante años. Y es curioso lo que me pasaba con este hombre, ahora hace tiempo que no lo veo y no tengo esa sensación, pero durante años he tenido como un radar con él. Imagínaos por ejemplo, llegar a una playa, ir bajando por los caminos de madera que ponen de acceso, estar la playa empetada y a lo lejos, entre miles de cabezas, de pronto, ¡Clin!, mi vista posada en él. Y no me ha pasado una vez, sino decenas de veces, era como si lo oliese en la distancia; intuía claramente el día y en el momento que me lo iba a encontrar y se me iba la vista hacia él. ¡Ya podía tener ese radar para otras cosas y no para toparme con valiente mequetrefe !

Y ahora viene la tarea impuesta, cambiar mi vibraciones negativas del nombre de Alberto por otras positivas; y creo que va a ser una tarea facilita....

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